Divididos detonó el Anfiteatro de Tandil

Por Julián Fernández

“La aplanadora del rock” se presentó durante la noche del sábado en el Anfiteatro Municipal Martín Fierro, en Tandil. En un show que duró casi tres horas, el aire frío de las sierras tandilenses se mezcló con los gritos tan característicos de la voz de Ricardo Mollo, el bajo del mítico Diego Arnedo y la mano pesada de Catriel Ciavarella en batería. Como sucede cada vez que Divididos toca en alguna parte del país, se genera expectativa: se trata de una de las bandas más influyentes en la historia del rock nacional.

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Pasadas las 21.30 ya se sentía cada vez más impaciente el famoso “escuchenló, escuchenló, la aplanadora del rock and roll es Divididos la puta que lo parió”.  Divididos todavía “aplana” porque la ola de volumen que envuelve y arrolla los cuerpos sigue siendo, casi treinta años después, su marca registrada. Su riqueza musical engloba una amplia pluralidad de géneros y artistas. Fue un show repleto de clásicos: Qué tal, Salir a asustar, Basta Fuerte,  Dame un limón, Qué ves?, Paisano de Hurlingham, Par Mil, Nene de antes, Amapola del 66, Spaghetti del rock (elegida la mejor canción de la década del 2000 por Rolling Stone).

Los espectadores iban quedando sin palabras con cada nota de los solos de El arriero. Una sonrisa surgió con Tengo, de Sandro, y más de uno cantó a los gritos Sucio y desprolijo, de Pappo. La anécdota la dio primero Mollo, y Arnedo después. Un aficionado le tiró una zapatilla y el guitarrista bromeó usándola de púa improvisando unos acordes. Al rato otro fan tiró un gorro rojo, típico de estereotipo gallego, que Mollo entregó a Arnedo diciendo: “Justo para un vasco, ponételo”.

Todo lo que se pueda escribir sobre Divididos es poco. Si existiera una característica propia, esencial de la banda, alguna cualidad que envuelva la estética y la música que distingue a Divididos, es la reivindicación. Un acercamiento a esta cualidad subyacente de los ex sumo la marca el propio significado de la palabra: Pedido con vehemencia o firmeza de una cosa a la que se tiene derecho y de la cual ha sido desposeído o está amenazado de serlo. Es esta la mística de Divididos. Su arte es reivindicador. En su canto, Mollo acerca a sus seguidores una cosa a la que todos sus espectadores tienen derecho, que les pertenece. Reclama en cada acorde una música que nos conforma a todos, una copla que aún antigua y profunda, trae consigo un aura de alguien que no está, de alguien que buscó componer con su voz la historia de un pueblo, de la montaña, o del campo argentino.

Este es el caso de El arriero, de Yupanqui. Es reivindicación, un pedido, las estrofas de Guanuqueando. Es el sonido de un pueblo olvidado por la historia, la lucha de los pueblos originarios, desposeídos por el mercantilismo español.

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Un listado de covers hechos por Divididos y grabados en estudio ayudarán a acercar por qué la banda formada en 1988 es también un reclamo, un pedido:

Light my fire, The Doors

Voodoo child, Jimmy Hendrix

El arriero, Atahualpa Yupanqui

Salgan al sol, Billy Bond

Despiértate nena, Luis Alberto Spinetta

Sucio y desprolijo, Pappo

Guanuqueando, Ricardo Valca

Tengo, Sandro

Con Crua Chan, los fanáticos de Sumo sintieron la piel de gallina a flor de piel. Con Nextweek explotó el cierre de un show intenso que auguró una pronta vuelta de la banda: “Nos vemos el año que viene”.

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