Armandinho gustó y goleó en Abbey Road

Por Juliana Monacchi

Fotos: gentileza On Play producciones

La reciente visita de Armandinho a La Feliz dejó atrás cuatro años sin presentaciones en los escenarios locales y no defraudó a nadie. La genial conexión que ostenta el músico brasilero de Santa Catarina con el público argentino es un secreto a voces, coronado a puro canto y baile el viernes último en Abbey Road.

El marco no pudo ser mejor. El espectáculo arrancó un rato antes de que Armandinho y su banda plantaran bandera en el escenario marplatense: fue el capoeira, ritmo brasilero que combina la danza y un tremendo despliegue físico para recrear impresionantes cuadros entre sus ejecutantes, el encargado de sembrar la “semilla carioca” entre la concurrencia.

Para cuando llegó Armandinho, las cientos de almas presentes fueron presas del característico balanceo/ baile en el lugar tan propio del reggae. Como él mismo se encarga de resaltar cada vez que puede, su música es una grata fusión de ritmos tropicales, afro y folklore rioplatense con destellos de rock y algo de reggae. En la banda, cada integrante representa sobradamente cada elemento, que su figura principal sintetiza con simpleza, simpatía y potencia envidiables. Armandinho es pura energía que nace de la convicción que tiene en lo que canta: la omnipresencia de la naturaleza y la importancia de su preservación; el valor de las cosas simples y la playa como lugar en el mundo; el poder de los sentimientos y la fuerza implacable del amor son sus banderas desde el comienzo y aún hoy las despliega adonde vaya.

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Su último disco de estudio, ‘Sol Loiro’, fue la excusa para volver a salir al ruedo y conquistar corazones con palabras dulces y buena música. En pleno show, recordó los cuatro largos años pasados desde su última visita a la ciudad y así se “disculpó” por deleitar a cientos de fanáticos con uno y otro y otro tema clásico de su repertorio. Paulinha, Casinha, Casa do Sol, Sentimento, Semente fueron su obsequio para un público agradecido y complaciente, que coreó su nombre tanto que parecía que no podría irse nunca.

Quizá, sea su mirada simple pero llena de esperanza en el presente y el porvenir lo que resulta tan adorable. Porque la vida no es siempre ni para todos un camino de rosas y así lo reconoció el propio Armandinho, que se tomó varios minutos y una canción entera para hablar de sus fracasos amorosos y la desazón de la relación que fue y ya no es con la madre de sus hijas. Como no podía ser de otra manera, al terminar concluyó: “pero siempre hay que mirar para adelante”.

Fue cerca de una hora y media de show, de melodías agradables y pegadizas que no dejaron a nadie indiferente. Vibrante, intenso, sentido, pasional; son calificativos que se aplican con justeza y justicia al show que el enorme Armandinho brindó el primer día del segundo semestre en la costa argentina. Quizá la potencia de nuestras olas y la candidez de nuestras playas en invierno lo convenzan de visitarnos más seguido con la excusa de la música y el surf.

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