Infalibles

Por Mariano Busilachi | @mbusilachi

Fotos: Gentileza El Alambre (PH: Lali Solari)

El pasado jueves, Divididos brindó el segundo de los dos shows eléctricos que dio en Mar del Plata, con la particularidad de presentarlo en el Teatro Radio City. Eléctrico, pero con butacas, el teatro céntrico se vio colmado y nosotros estuvimos ahí para contártelo.

Para las 21:45 ya no quedaba prácticamente una butaca vacía. Se abrió el telón y los acordes de “El fantasio” fueron el preámbulo de una nueva noche fantástica de Divididos. La aplanadora del rock nacional volvió a demostrar por qué tiene su apodo bien ganado. Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella arrasaron con un show de casi tres horas.

Dividido en tres partes, la primera tanda de canciones arrancó con el público tranquilo, como disfrutando o deleitándose del espectáculo. Con una escenografía sencilla, sin mucho chiche, sonaron grandes canciones como “Vida de topo”, “Salir a comprar”, “Perro funk” y “Acariciando lo áspero”. Potente, con un poco de funk y una ejecución muy elocuente, en cada riff de Mollo, el bajo certero de Arnedo y el extraordinario Catriel Ciavarella en batería. Y claro, un público que aplaudió fuerte cada canción.

La segunda parte tuvo un fuerte componente folclórico, una particularidad ya tradicional en el grupo, que logró incorporar de forma muy efectiva nuestras raíces en su poderoso rock. Con un clima más distendido, Diego Arnedo se calzó el bombo al hombro y con la participación de dos músicos marplatenses, uno de ellos fue el violinista Rubén Montoya (Luzparís), interpretaron una muy linda zamba y la canción La Flor Azul.

Pasado el momento autóctono, el clima distendido siguió con “Como un limón”; uno de los tantos himnos del grupo, “Spaghetti del rock”; la siempre cálida interpretación de “Par mil”. Hubo dos invitados más, vale mencionar a Diego Florentín, una especie de “cuarto” integrante por la familiaridad que tiene con el trío, para hacer “El Burrito”.

El set siguió con una solemne y sobria ejecución de “Senderos”, para continuar con un efusivo “¿Qué tal?”, en donde cada uno de los tres integrantes se lució individualmente. Cuesta realmente encontrar una banda que sea tan buena en vivo. Son un verdadero golpe al mentón en cada tema, no hay fisuras y la descomunal tarea de cada uno se armoniza en un todo imprescindible de ver. Sin dudas, una de las 5 bandas de nuestro país que todo fanático de la música no puede perderse. Aunque no conozcas sus temas o te sepas algunas letras, ver la calidad de Divididos no tiene precio.

Hacia el final la intensidad fue “in crescendo” y sonaron canciones muy festejadas por el público. “Salir a asustar” fue la introducción a la euforia desatada con “Ala delta”. Con ganas de más, la gente pudo de disfrutar de “Sobrio a las piñas” con la versión de “¿Quién se ha tomado todo el vino?”, para un cierre notable con Amapola del 66. ¿Terminó acá? Claro que no.

Cerró el telón, pero el público todavía estaba con sed de más rock. La noche ya había sido perfecta y Divididos podría haberla terminando tranquilamente ahí. Pero son grandes y accedieron al pedido del colmado teatro, con algo muy especial: Sumo. El ojo blindado y Next Week desataron una locura y la mitad del teatro se paró de sus butacas y copó las primeras filas, casi pegándose al escenario, para disfrutar bien de cerca, saltar y cantar los clásicos de una banda eterna. Así, Divididos cerró otra noche donde aplanó completamente todo.

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